Crear personajes: la técnica del espejo roto


Arte es todo lo que sale del interior del artista, hasta los pedazos.

Seguro que muchas veces mientras leías te has preguntado cómo era posible que los personajes sonaran tan humanos. No te avergüences, a mí me ha pasado con La Voz de las Espadas, y a juzgar por su reseña, a A.P.V le ha sucedido lo mismo ;)

Bien, no tengo una respuesta clara para eso, pues cada autor tiene su truco, pero sí sé cómo despiezar humanos para que salgan muchos personajes (sin matarlos ^^').

Estimados lectores, permitid que os presente a la técnica del espejo roto.


Sí, de esta forma tan original llamo yo al proceso mediante el cual desgranas a una persona real en mil pedazos distintos para construir personajes a partir de ellos.

Suena muy abstracto, lo sé. Pero os aseguro que no es en absoluto complicado. Veamos cómo se hace:



1. Elige a tu víctima


Para que esta técnica funcione, necesitas a un sujeto humano al que conozcas bastante bien. Puede ser un familiar, un amigo o tú mismo. Lo que es importante es que conozcas (o creas conocer) bastantes detalles sobre ese ente.

Lo mejor para empezar es trabajar sobre uno mismo. Por norma, nos conocemos bastante a nosotros mismos (que nos entendamos ya...), y somos conscientes de muchos de nuestros gustos, opiniones y matices, cosa que nos facilita la tarea.



2. Rómpelo


Así, como suena. Haz trizas a la persona de antes. Desmóntala y destruye los pedazos hasta obtener el mayor número de fragmentos posibles. Piensa que cuántos más trozos obtengas, mejor podrás trabajar con ellos.


¿Se entiende ahora lo del espejo? ^^'

Cada fragmento corresponde a un gusto, una particularidad de carácter o matiz del todo que compone a la persona que desgranaste. A partir de estos trozos construirás a tu personaje.


3. Puzzle


Tienes los fragmentos, ahora es momento de combinarlos para dar lugar a tus personajes. Existen distintas formas de aplicar esta técnica, y todas ellas dan como resultado personajes bastante potentes (si se hace bien, claro).


a) Como aliño

Tenemos construido a nuestro personaje, pero sentimos que le falta algo. Lo notamos tópico, acartonado, rígido. El personaje no es humano y por tanto no nos convence.

Añadiendo un fragmento de personalidad humana (preferentemente un vicio, tic o costumbre), le daremos un toque de humanidad que le aporte realismo y nos ayude a completarlo.

Ejemplo: El secretario suele morderse las uñas cuando miente o está nervioso.


b) Como esqueleto

En el proceso de construcción, dotamos al personaje de una combinación de características extraídas de pedazos de personalidad de distintas personas para crear a alguien completamente distinto.

Se asemeja un poco al proceso que expliqué al hablar sobre la construcción de personajes en base a figuras históricas. Las combinaciones son casi infinitas, y las opciones también (además de que resulta muy divertido).


c) Como horrocrux

Aplicable cuando estamos trabajando sobre nuestros propios pedazos. Damos al personaje un rasgo propio como dominante a fin de controlarle mejor.

Voy a confesar un secreto: suelo utilizar el método del espejo roto de esta forma, sobretodo para trabajar con personajes cuyas historias se contarán en base a su PoV, ya que me permite tener un punto en común con ellos que usar como ancla.

¡Pero cuidado! Esto no significa que todos tus personajes deban ser copias diluidas de ti mismo. Eso es un error de principiante, y dificulta descubrir su propia voz

En fin, era de esperar que fragmentar la personalidad de uno comportaría riesgos, casi tantos como fragmentar el alma. ¿A que sí, Voldy? ^^

Sí, lo llamo Voldy. A fin de cuentas no tiene narices de replicar XD

Chistacos malos a parte, un personaje así creado puede ser sencillo de manejar, y ganarse el cariño de los lectores (como está haciendo César, el villano de Sorgina). 


Antes de concluir esta entrada, permitid sin embargo que os haga una advertencia, pues del mismo modo que reflejan la naturaleza humana, los espejos pueden ser hogar de horribles criaturas.

Es importante complementar esta técnica con otras para evitar caer en el pecado del reflejo y convertir a tus personajes en sombras de uno mismo. Para ello podéis usar el truco del espejo inverso:

Toma una característica tuya o de un tercero y dale la vuelta para crear a  un personaje completamente nuevo.

Ejemplo: El secretario jamás demuestra su nerviosismo, y odia a aquellos que se muerden las uñas o sudan cuando están bajo presión.


Venga, ya no os doy más la brasa, que sé que os morís de ganas de poner en práctica esta nueva técnica. Pero antes de marcharos, ¿por qué no pasáis por los comentarios y dejáis en ellos un fragmento de vuestra opinión?

¡Nos leemos! ^^